La relación entre los sistemas alimentarios y la salud ambiental es un tema clave en los debates actuales sobre la transición hacia un futuro más sostenible. Los métodos de producción y consumo de alimentos actuales ya están ejerciendo presión sobre nuestros recursos naturales y generando importantes emisiones de gases de efecto invernadero, intensificando así el cambio climático. Esta situación se agravará aún más como consecuencia del crecimiento demográfico. Ante este panorama, existe una necesidad urgente e indiscutible de transitar hacia un sistema alimentario regenerativo o «positivo para la naturaleza» que tenga el potencial de garantizar la seguridad alimentaria de miles de millones de personas en todo el mundo, protegiendo al mismo tiempo nuestro planeta.

Nuestro sistema alimentario actual es capaz de alimentar a la gran mayoría de la población mundial. Gracias a un siglo de innovación, los rendimientos agrícolas han alcanzado niveles sin precedentes y se han logrado avances significativos en la reducción del hambre y la malnutrición en todo el mundo. Sin embargo, este progreso ha tenido un alto costo: la producción de alimentos es hoy en día uno de los principales factores que contribuyen al cambio climático y, además, perjudica la capacidad de recuperación del medio ambiente al degradar la productividad de la tierra, los recursos hídricos y la salud del suelo.

Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos asociados al cambio climático dificultan la producción de alimentos, lo que repercute en los rendimientos y reduce el valor nutricional de los alimentos producidos, además de dañar los ecosistemas acuáticos y provocar una mayor prevalencia de plagas y enfermedades. Este círculo vicioso, en el que la producción de alimentos y el cambio climático están intrínsecamente ligados, representa una amenaza real para la seguridad alimentaria. En conjunto, estos acontecimientos ponen de manifiesto la necesidad de transformar radicalmente la forma en que se producen, procesan y consumen los alimentos en el mundo actual. Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que para 2050 será necesario producir aproximadamente un 50 % más de alimentos, basándose en el sistema alimentario actual, para alimentar a una población mundial mayor, de alrededor de 10.000 millones de personas.

De la visión negativa de la naturaleza a la visión positiva de la naturaleza

Para alimentar al mundo de forma sostenible, el sistema alimentario actual, que genera un impacto negativo en la naturaleza, debe transformarse en un sistema que la beneficie, garantizando el uso sostenible y no destructivo de los recursos naturales mediante una agricultura regenerativa. La producción de alimentos dentro de un sistema regenerativo optimiza la gestión de la tierra y el agua, protege la biodiversidad y restaura la salud de los suelos y los bosques, al tiempo que contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial, la robótica, la biología y la genética, también pueden impulsar la eficiencia de los sistemas alimentarios y, por lo tanto, apoyar la transición hacia un sistema alimentario regenerativo.

Minimizar la pérdida y el desperdicio de alimentos, especialmente en los hogares, es otro punto de acción importante, dada la magnitud de este problema en la actualidad. El progreso en esta área podría ayudar a reducir la cantidad de alimentos adicionales que se necesitan producir y, por lo tanto, ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

agricultura. Fundamentalmente, los consumidores pueden contribuir de manera crucial a este objetivo modificando sus preferencias alimentarias y evitando el consumo excesivo.

Para reflexionar

Equilibrar las crecientes demandas de una población mundial en aumento con la urgente necesidad de impulsar la sostenibilidad ambiental representa un desafío enorme. Sin embargo, las herramientas para el cambio —que abarcan desde prácticas agrícolas regenerativas hasta hábitos de consumo sostenibles— pueden brindar soluciones tangibles para contribuir a aumentar la seguridad alimentaria e impulsar la sostenibilidad ambiental, beneficiando tanto a las personas como al planeta.

Artículo invitado de Melanie Beyeler, gestora sénior de cartera de EFG Asset Management

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